
Y el viernes de una semana tan intensa no podía ser de otra forma...
Después de entregar diseños a las imprentas y confirmar pagos y entregas. Me alisté para la "misión imposible" del día.
Después de almorzar rápidamente salí en busca de un determinado tipo de papel y de un determinado color, caminé, entré en diferentes papelerías, (o librerías como se llaman en mi queridísima Argentina) y no encontré lo que buscaba.
En mi recorrido encontré diferentes texturas, gramages, y unos colores que si hubiera querido imaginarme que necesitaba 10 hojas dudaría en conseguirlos, pero para mi asombro había cantidades como para empapelar un cuarto.
Como ya se había pasado la hora de mi fisioterapia en el agua, y estaba cansada de caminar, pare en una cafetería. "Café central" una de las primeras cafeterías que conocí cuando llegué a uruguay, ya hace 6 años. Me senté en un mesa medio escondida, me pedí un cortado, saqué mi libro y mi cuaderno de apuntes.
Después de leer el primer párrafo y escuchar a una espamentosa clienta de esta cafetería que discutía con el marido por teléfono entre farengheis o celcius. Desconcentrada cerré el libro y decidí comentar el día. El día de las hojas de colores.

No hay comentarios:
Publicar un comentario